Cruces y humilladeros | Montefrío (Granada)


En el vasto Término Municipal de Montefrío, diseminadas por el mismo, existen gran cantidad de cruces que, aunque de características más o menos parecidas, no podría decirse que son iguales. La tradición y creencia popular más generalizada y que con el paso del tiempo se ha convertido posiblemente en “leyenda urbana”, relaciona el posible origen de estas y su ubicación con los lugares donde se produjo el fallecimiento de alguien, generalmente de forma violenta y provocada.

Aunque esto establecería de antemano que todas tienen un origen similar en lo que a su significado y construcción se refiere, sería muy pobre pensar que solo existe una causa sin tener en cuenta su ubicación, su forma, la época en que se construyeron y todas las demás circunstancias que dieron lugar a las mismas.

En principio y por regla general se deberían tener en consideración cuatro tipos de cruces, diferenciadas fundamentalmente por su ubicación y por la finalidad que se pretendió dar a las mismas por sus promotores, como son los humilladeros, las conmemorativas, las ubicadas en espacios públicos de reunión para sacralización de los mismos y las del Calvario.

· Humilladeros, por definición, lugares devotos que suele haber a las entradas o salidas de los pueblos y junto a los caminos, con una cruz o imagen. En este tipo podemos enmarcar sin ningún tipo de reparos y sin miedo a equivocarnos la “Cruz Gorda” (foto anterior)y la desaparecida “Cruz del Jabonero”, que originariamente eran de características similares en su configuración arquitectónica, talla de la piedra y pedestal sobre el que se alzaban, según se desprende de testimonios de gentes que aún la recuerdan ya que su desaparición es relativamente reciente, concretamente entre los años 1965 y 1970, época de construcción de la zona escolar y sus accesos. Igualmente podría pensarse que la mayoría de las cruces existentes podrían ser de este tipo, siendo su origen más remoto el mismo o similar.
Según el historiador y teólogo Antonio Extremera Oliván, “la imagen religiosa suponía la exteriorización de una devoción particular por el deseo de sus moradores de sentirse protegidos ante la eventual llegada del mal, de este modo la imagen religiosa adopta un uso fetichista de protección de la ciudad y sus habitantes frente a los desastres naturales, las epidemias y todos los demás males que aquejaban a la sociedad y que en definitiva eran vistos como obras del demonio. Las cruces que rodeaban la ciudades coincidiendo con sus principales caminos, además de la función descrita de exorcizar el mal, hacía que sus moradores impetrasen el auxilio divino al ponerse en marcha hacia sus quehaceres agrícolas o de algún viaje y a la vuelta de los mismos.

La relación de estos monumentos con los caminos para el alejamiento del mal era debida a la consideración de estas vías como el lugar idóneo por el que se desplazaría y transmitiría entre poblaciones. El mismo data alguna de estas cruces levantadas en Baeza en mediados del siglo XVII y comenta que el jesuita Francisco de Torres defiende que la costumbre de levantar cruces en los lugares públicos nació en Baeza, de donde «se pegó la devoción a otros lugares de la comarca,..».


Cruces y humilladeros de Montefrío
Cruces y humilladeros de Montefrío

También se podrían incluir en este tipo de cruces, las ubicadas en intersecciones o bifurcaciones de caminos importantes como la Cruz de Matute, la de Marcos, la de Tio Campos, la del Hachuelo y la mal denominada Altera, las existentes junto a las antiguamente más destacadas vías de comunicación o en oteros desde alguno de los cuales se daba vista al propio núcleo urbano en el discurrir de dichas vías, como la Cruz del Bujeo, la Colorá, la del Espinar o la Cruz Altera propiamente, e incluso las situadas en la salida de los caminos a algunos cortijos o paraje relativamente importante o relevante como la Cruz de Peñuela, la de Linterna o la propia Cruz Bajera, si bien estas últimas podríamos inclinarnos mejor por encuadrarlas en otro tipo de cruces, las conmemorativas, o al menos considerar que podrían haber cumplido una doble finalidad.

No existen datos que se conozcan que nos permitan datar ninguna de las cruces existentes, si bien se cree que pudieron construirse entre los siglos XVII y XVIII por ser esta, época con este tipo de tradiciones y costumbres de fervor y reafirmación religiosa en estos territorios. No obstante hay datos de esta costumbre por toda la geografía peninsular desde que fueron reconquistándose todos y cada uno de sus territorios, tanto es así que ya en 1611 Covarrubias, llegó a definir el término humilladero e incluso a dar algunas claves sobre sus orígenes más remotos: .»HUMILLADERO. Cierta capillita sobre pilares y cubierta con techo, dentro de la cual está en medio, de ordinario, una cruz con la imagen de nuestro Redentor puesto en ella, o otra insignia devota de nuestra Señora o de algún santo.

Y dixose assi por la devoción que tienen todos los fieles de humillarse passando por delante deste devoto lugar, comúnmente está en las entradas o salidas de los lugares al camino real o trillado. Otros humilladeros están descubiertos con cruzes de piedra sobre peañas de gradas. Y ni más ni menos nos humillamos a éstas y a las ordinarias, que suelen ser de palo, a las quales los caminantes, con más fundada religión, les arriman las piedras que los gentiles hazian quando en las encrucijadas las amontonaban al pie del padrón o piedra de la efigie de Mercurio, a do estavan esculpidas letras que declaravan para dónde yva cada uno de los caminos».

Del mimo modo el ESPASA dice a este respecto: “…HUMILLADERO. (Etim.- De Humillar) m. Lugar devoto que suele haber a las entradas o salidas de los pueblos, o en los pueblos mismos, con cruz o imagen. HUMILLADERO. Arqueol. Este monumento que en Cataluña suele llamarse pedró, en Valencia peiró y en el resto de España cruz de término, consiste generalmente en unas gradas de planta circular o poligonal sobre las que se eleva un fuste rematado en nudo, macolla o capitel, que sustenta la cruz de piedra labrada en cantería. Fue antigua costumbre en el reino de Aragón elevar cruces en conmemoración de fechas o acontecimientos, o como simples testimonios de piedad cristiana; generalmente junto a los caminos para fomentar la piedad de los viajantes, y a veces frente a monasterios y ermitas…», para continuar la misma obra diciendo «no satisfechos los cristianos de la Reconquista con elevar templos, ermitas y cenobios, erigían estos humilladeros en caminos, deslindes, promontorios, calvarios y por doquier.

Se ha dado en llamar cruces conmemorativas a las que la tradición popular le atribuye su construcción al lugar donde alguien falleció por una u otra circunstancia y en especial, por el morbo que ello nos provoca, a los fallecimientos producidos de una forma antinatural, especialmente los asesinatos (destacable entre estas la “Cruz de Linterna” con las leyendas que sobre ella se cuentan, la “Cruz de Tio Campos”, la “Cruz del Cortijillo o de Rifle”, la “Cruz Altera”, La Cruz Bajera”…). No obstante y dado que muchas de ellas se ubican en bifurcaciones o cruces de caminos y que no hacen referencia alguna a la persona asesinada sino mas bien al paraje donde se ubican, podría tratarse perfectamente de cruces humilladero, o en todo caso cumplir la doble finalidad.

Su estructura más simple es bien diferenciada y suelen tratarse de cruces construidas por dos piezas de piedra sin talla alguna; una vertical sobre la que se apoya la “T” invertida junto con la que conforma la cruz propiamente, puestas sobre un pequeño pedestal en forma de prisma o incluso sobre alguna elevación del terreno o encima de una pared de piedras.

Del mismo modo existen las cruces cuya finalidad única es la sacralización de los espacios en que se encuentran, bien sobre la fachada de alguna casa del propio casco urbano o más específicamente en lugares de reunión para festejos abiertos y en el campo, especialmente los dedicados a la celebración del “Dia de la Cruz”, como homenaje y exaltación de la misma. Entre estas podemos destacar la Cruz de Muro y la Cruz del Cañadazo, la del Calvario (ahora situada en el Cerrajon) la del Portichuelo o incluso la del Ventorro.

Por último podemos reseñar las cruces construidas en el camino del calvario, que se ubican entre la iglesia de San Antonio y la propia Ermita del Calvario, ahora en ruinas, por el que se realizaba el “Vía Crucis”, y de las que algunas se han perdido con el devenir de los tiempos, por dejadez y por el error grave de creer que al tratarse de símbolos de una creencia especifica no forman parte del patrimonio cultural y arquitectónico de todos, y sin que en ningún momento se haya hecho nada por su recuperación. Entre ellas podemos destacar las correspondientes a la III y IV Estaciones por su gran tamaño y talla y la única que queda ubicada en lo alto del propio Calvario, por su diseño..

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«Las Cruces de Montefrío»